Habla Carlos Sampayo
02Aug07
por Carlos Sampayo
Carlos Sampayo (Argentina, 1943), es el guionista de, entre otras muchas obras, Alack Sinner, uno de los primeros y uno de los mejores, exponentes del cómic adulto, o cómic de autor. Durante más de 3 décadas Sampayo ha alternado su condición de guionista de comics con la de novelista y estudioso del Jazz, el año pasado dictó una conferencia en Murcia que reproducimos acá, para que sepan un poco acerca de este autor los que lo han leído, y los que no, se animen a conocer su trabajo. Arriba de estas líneas, algunas viñetas de Norteamericano (s), uno de los mejores relatos breves de Alack Sinner, por Muñoz y Sampayo.
Me presento. Nací en 1943 y hasta 1974 no había hecho, nunca, un guión de historietas. De esto hace 30 años o un poquito más. Había trabajado en cine, en literatura, naturalmente, pero fue conocer, casualmente, a José Muñoz, que me abrió un medio que desconocía porque, como adulto, no había leído cómics. Era una cosa de mi infancia, como aquél que dice, y luego escogí la literatura. Fue en un momento muy especial porque en 1974 existía la posibilidad en Europa, no en España, de vivir profesionalmente del cómic. Y a mí se me abrió un mundo bastante lujoso porque yo pretendía contar historias y vivir bien por contar esas historias. Tengo cierta facilidad para fabular, es decir, soy un mentiroso articulado; puedo armar fábulas y hacerlas creíbles.
Lo que ocurre es que para mí la historieta, en inicio, es algo muy fugaz. En principio por su propia denominación: historieta, tebeo, cómic, bande dessinée, cuadrinhos, fumetti, cualquiera de esas denominaciones es limitada, son sustantivos. Pero, ¿cómo llamarlo? Hay que llamarlo de alguna manera, “la razón por imágenes”, tal vez, pero es demasiado pomposo para una comunicación inmediata como es el cómic. La revista con imágenes suena muy arrogante. Así que usemos la que a cada uno le guste más. Cómic es la más usada, pero a mí no me gusta porque lo que yo hago es más bien “tragic” no “cómic”, por lo tanto, que unas historias dramáticas se llamen cómics es como pedir paella en Lugo, no sé, es un contrasentido.
Viñeta de Encuentros y reencuentros, de la serie Alack Sinner, por Muñoz y Sampayo.
El problema, también, es darle una denominación que tiene que ver con su dificultad de ubicación dentro del ámbito de la cultura. Es decir, si nosotros acudimos, por ejemplo, a Francia o Bélgica, principalmente en esos dos países, a una casa particular donde hay una biblioteca, vemos que, una parte importante de ella, tiene cómics, tiene historietas, muchos libros de cómics. Como si fueran libros de Saramago u otros literatos. Ordenados por autores, tienen libros de Moebius, incluso toda la colección de Tintin. En Italia, en menor medida en España, esto también ocurría, por lo menos hasta el “berlusconismo”: hubo una retracción cultural y se volvió a los esquemas tradicionales de la cultura aceptada. Estaba muy ligada a lo que eran los movimientos editoriales de la izquierda y cuando éstos fueron absorbidos, digamos por el mundo de la política convencional, la producción bajó y esto desapareció también, es decir, era bastante lavable. En Alemania, donde yo creo que nació el género con Wilhelm Busch, a finales del siglo XIX, también fue relegado. Pero, aquí (España), no existe prejuicio, es más bien desconocimiento. En Suiza, por el contrario, hay una diferencia entre la Suiza de lengua francesa y la Suiza de lengua alemana o italiana, en la percepción de cualquier género artístico. En cambio, en Francia y Bélgica existe una tradición desde principios de los años 20.
Evaristo, basado en un detective porteño de la vida real, con guión de Sampayo y dibujos de Solano Lopez
La historieta en EEUU está perfectamente aceptada y comprendida por el lector. Su gran expansión se debió al hecho de transmitir ideas, sobre todo patrióticas, porque estábamos cerca de la Segunda Guerra Mundial, para gente que estaba escasamente ilustrada. Al igual que el cine, la historieta era un medio para los pobres; por unos pocos centavos, los cómic books, se podía acceder a historias y ideologías. La primera historieta americana que no es tanto el orden sino que invita al sueño, es “Little Nemo”, porque cuando Nemo sueña es un sueño narcótico, producido por sustancias, es alucinógeno. Es una lectura que recomiendo porque es una obra de arte que fue creada por Windsor Mcay. Una auténtica maravilla. Las historietas de periódicos, en la primera mitad del siglo XX, se publicaban en la última página. Así ocurría en EEUU, al igual que en muchos países sudamericanos.
Es decir, entre los que practicamos este oficio o este modo de expresión, estamos en discusión. La pregunta es ¿eso es arte o no es arte? Yo no lo sé, pero es una pregunta que hay que hacerse en otro sistema de pensamiento. Lo que sí, es que hace disfrutar y que es factible para contar historias o la Historia, para hacer poesía en todo caso. Para mí, personalmente, que es mi trabajo y lo que me gusta hacer, es un vehículo de narración de historias y argumentos, pero también es un vehículo de proyección y plasmación poética. Es sobre todo visual y existen muchas historietas que no tienen narración, es decir, que no tienen ni un solo texto en sus páginas. Hay unas magníficas historias de Moebius de los años setenta que no tienen texto y se entienden perfectamente. Hay historia. Hay otras historias como las de Mattotti, que es un dibujante italiano que, aparentemente, tiene una “excusa” narrativa pero, en realidad, lo que está es proyectando una visión poética a través de la imagen. La excusa narrativa es para encadenar estas imágenes y que sólo sea una exposición del “cuadro”.
Siempre estoy hablando de lo que se denomina historieta de autor, es decir, existe la historieta comercial que está dirigida, desde un ámbito editorial, en todos sus pasos de creación y la historieta de autor que se vende mucho en ese ámbito comercial y, a mí, me gustaría hacerlo porque las historias que yo suelo hacer no se venden mucho. Bueno, ni mucho ni poco, pero no muchísimo como a mí me gustaría que pasara. La narración por imágenes que sería, definitivamente, la denominación que yo le daría a esto, no significa, necesariamente, que las imágenes estén en movimiento, para eso tenemos el cine. A veces se compara el cómic y el cine pero sólo con la intención de atribuirle prestigio, cuando por sí solo se basta para defenderse perfectamente. Hay una característica esencial en el cómic que no es cinético sino estático, en el nexo, entre una imagen y otra, quien lee es un lector y este será quien ponga el movimiento. El movimiento es la lectura y el esfuerzo mínimo del lector que, además debe poner las voces de manera mental. Lee texto a la vez que lee imágenes decodificando dos tipos de narración, cada lector selecciona el primer nivel de lectura ya sea uno u otro. No obstante, el primer plano es el de la imagen, aunque hay lectores que consideran éste como algo supeditado al texto.
Tres Artistas en Paris, con dibujos de Oscar Zarate.
La primera inspiración que tuve para mi trabajo como guionista fue el cine, especialmente, el americano de los años cuarenta, de carácter social y policíaco. Un cine propio de una sociedad delictiva como ésa, que tiene sus influencias en los realizadores alemanes de los treinta. Cine en blanco y negro, esto es muy importante, porque para José Muñoz que trabaja sin grises es necesario saber tratar estos límites. La literatura negra, de autores con Hammett, también es una fuente de inspiración, con frases muy ingeniosas y temas muy oscuros, me encanta. Una de las series de historietas que más me ha gustado y, a la vez, ha sido muy criticada por su temática es “Dick Tracy”, de Chester Gould, donde lo interesante es el desarrollo de las historias, algo disparatas si se quiere pensar, con esos malos monstruosos que están definidos desde su propia imagen. “Spirit”, de Will Eisner, es otra gran serie que se acerca más al trabajo de Muñoz porque aporta al género la imagen de la calle, con los cubos de basura, las conversaciones de vecinos, el ruido de la ambulancia que pasa, los niños que juegan…
Biografía del músico Fats Waller, dibujada por Igort
El guionista de historietas siempre está en la sombra, aun cuando no hay textos, el desarrollo de la acción, la descripción, la puesta en escena, llega traducida por un dibujante. La mayor parte de las veces bastante de la información dada por el guionista aparece transformada por el dibujante. Yo trabajo con un esquema muy claro, cinematográfico, realizo descripciones muy precisas de primeros, segundos, terceros planos, mediante puntuación secuencial, es decir, secuencias narrativas. Esto Muñoz lo respeta al máximo, pero otros dibujantes, como Igor, lo destroza, directamente, lo deshace y realiza otra cosa. Las historias que he realizado con este último o con otros autores como Solano López u Óscar Zarate son coautorías, realizadas al cincuenta por ciento, discutiendo el desarrollo de la acción y los diálogos. Un debate continuo. Mucha gente me ha llegado a preguntar qué es lo primero, el guión o el dibujo, como si llegara el dibujante con sus páginas y el guionista pusiera, después, las palabras. No entienden que una historieta tiene toda una serie de códigos. En todo caso, lo primero es el guión. Hay dibujantes que son sus propios guionistas, como el caso de Hugo Pratt o Art Spiegelman; otros que contratan a los guionistas aunque, en este caso, el resultado no siempre es bueno porque no se conocen; otros que trabajan para un guionista como fue el caso de Goscinny que era el alma de Asterix. Yo prefiero mi manera de trabajar.
Nuestro Alack Sinner fue el primer personaje de historietas que vomitó y orinó en un cómic. En Italia esto creo unos disturbios tremendos y hubo un juicio de Acción Católica contra la revista Linus que lo publicaba. Esta publicación de capital comunista fue agredida desde los foros católicos con la insinuación que los comunistas enseñaban sus vergüenzas más repugnantes en una revista para niños. Trabajábamos muy lentamente rehaciendo páginas una y otra vez y retocando mil veces los guiones. El año que realizábamos 75 páginas era un año heroico, era muy trabajosa nuestra manera de elaborar. Nuestro personaje fue envejeciendo igual que sus creadores con sus arrugas, canas y necesidades como la de usar gafas o dentadura postiza. Se tiene a Sinner como un héroe y no lo es, también como un antihéroe y tampoco lo es, solo es un ser real que vive situaciones más o menos reales.
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